19 sept. 2015

Surge la dualidad y rompo el señorismo







   




















 La señoritísima providencia frente al espejo se despoja de sus vellos orgullosa, se cubre el sudor con olores exóticos y gorgotea la garganta con alquímicas pociones. Reniega de la carne humana de la boca pa fuera y come deshuesando el alquitrán del principeso de yeso en su nicho renombrado cama. Como si los ácaros no la compartieran y la desearan y sus tripas llenas de huevos de solitaria. Renombra también sus ojos, sus labios teñidos de apariencia y su color de pelo, renombra su grasa y su propia pudrición inevitable. El olor a tierra. Qué trono imaginario te han prometido si eres tan sólo un pájaro enjaulado en tu mismas cuerdas vocales. Se convence de una belleza imaginaria en una realidad alternativa, dentro de sí es una reina tuerta con su séquito de ciegos bufones destinados a olerle el trasero y lamerla para dejarla brillante. Te duele compañera porque nada defiendes, nada más que tus riquezas imaginarias, invisibles, antirevolucionarias, bufona de la corte pelada de testículos dispuestos a concederte un lugar en el cielo del jaz(z)olímpo.

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