5 ago. 2016

Chayahué



Recuerdo que un día la Popi me enseñó a mariscar, 
ese día comimos un montón de almejas, 
las veía a lo lejos mientras meaban, 
luego clavaba el gancho y las acurrucamos en un canasto de junquillo. 
También, otro día, la vi levantar un canasto enorme lleno de papas ella sola, 
al hombro, cerro arriba.
Cuando tenía fiebre la Popi me daba de tomar natre, 
santo remedio, más malo que el ajenjo eso sí.
También me hacía trenzas que duraban toda la escuela, 
en la tarde me las soltaba, 
generalmente jugabamos a las casitas con la Karlita Urtado. 
Otras veces con ella y su hermano Huguito, 
ibamos al Mar a bañarnos y practicar piqueros, volteretas acuáticas.
Había en la playa, una roca enorme, la roca de la Pincoya. 
Todos hablabamos del Caleuche y cuidado con el Trauco, 
nuestra realidad lenta y bella se mimetizaba con el mundo de los espíritus.
Recién cuando llegué a vivir a Puerto Montt dejé de creer un poco, 
pero en el fondo, mantengo vivo mis recuerdos, 
del monte encantado, las murtas de la Sra. Marta, 
jugar a la chola, hacer casitas de paja de pino, 
encontrar nidos de pequeñas bandurrias, 
subir árboles de más de diez metros para cazar arañas y meterlas en frascos. 
Mis padres después del trabajo cultivaban la huerta.
Un día cuando era bebé, me pillaron bajo la estufa compartiendo huesos con mi perro, 
bueno, no era de las quisiquillosas, me criaron libre y me criaron bien, 
aunque ese suceso no se volvió a repetir, 
porque mi perro Plum, un pequinéz, se murió al poco tiempo.
Llegamos a tener hasta quince gatos, muchos patos, chanchos...
Cuando no teníamos mucho en el bolsillo, llegaban a comprar la miel que mi padre cultivaba, siempre fue una bendición.
La foto es Puerto Montt, pero no importa, compartimos el mismo mar, 
ahora agonizando, agonizamos todos los que entendemos su majestuosidad y riqueza, 
que la rabia no inunde nuestros corazones.
Hay que mantenerse despiertos, optimistas, fuertes, 
luchando por sensibilizar a más personas, 
luchando por cuidar nuestros recursos naturales, 
luchando para adaptarnos a mejores devenires, para mantenernos unidos. 
Parecía intocable, majestuoso.
Nosotros parecemos eternos adjudicándonos desiciones cual Divinidad destructora, cancerígenos.
Extraño las cazuelas de luche con navajuela, y cochayuyo, o carne de cordero. 
O las cazuelas de cholga seca con repollo.

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